Ya en su época escolar prefería sumergirse en sus mundos oníricos en lugar de concentrarse en las clases. Esta predilección por lo fantástico se refleja hoy en sus cuadros surrealistas, que crea de forma intuitiva y sin modelos, con óleos y acrílicos sobre lienzos a menudo de gran formato. Sus obras invitan al espectador a sumergirse en paisajes fantásticos, caracterizados por árboles de algodón de azúcar que flotan en el aire y escaleras de piedra que conducen a la nada. El arte de Dabbert, que destaca por su carácter inconfundible, ya le ha granjeado un público fiel en Berlín.
Esta obra de arte se encuentra en la sala de calderas del recinto de Faust.