Museo de la Caricatura Wilhelm Busch | Visit Hannover - Visit Hannover
Museo
Wilhelm Busch - Museo Alemán de Karikatur y Zeichenkunst
Una de las colecciones de caricaturas más importantes de Europa y las exposiciones temporales que se renuevan periódicamente convierten al museo en un lugar lleno de vida dedicado al arte del dibujo.
MUSEO Wilhelm BUSCH
De Wilhelm Busch al cómic
El punto de partida es la obra de Wilhelm Busch en toda su amplitud. Al mismo tiempo, la colección, con más de 50 000 obras, narra la historia de la caricatura desde 1600 hasta nuestros días, y a menudo con una actualidad sorprendente.
Se pueden ver obras de artistas de renombre internacional como Loriot, Jean-Jacques Sempé, William Hogarth, Marie Marcks y Friedrich Karl Waechter. También están representados pioneros del cómic como Windsor McCay o ilustradores como Axel Scheffler y Rotraut Susanne Berner. Las exposiciones temporales, que cambian periódicamente —por ejemplo, las de Ulli Lust, Anke Feuchtenberger o Katharina Greve—, aportan siempre nuevos matices.
El museo conserva, entre otras cosas, el legado del dibujante británico Ronald Searle, lo que también da fe de la importancia internacional de la colección.
Arte con carácter
La caricatura y la sátira son algo más que humor. Reflejan la evolución de la sociedad, cuestionan las relaciones de poder y sintetizan temas complejos. El museo se considera un espacio de diálogo artístico y sociopolítico, tanto en el pasado como en la actualidad.
Una amplia biblioteca especializada con publicaciones históricas completa la colección y convierte al centro en un importante centro de investigación.
Más que simples exposiciones
El museo es un lugar de encuentro lleno de vida: además de las exposiciones, las lecturas, las conferencias, los talleres y los eventos que se celebran en el jardín invitan a participar y a descubrir. Los niños se acercan al arte de forma lúdica, mientras que los adultos adquieren nuevas perspectivas, a menudo con un toque de humor.
Una visita combina el disfrute del arte con una parada en la cafetería del museo o un paseo por el Georgengarten, y demuestra lo atemporal que puede ser el humor.