El jardín barroco, de unas 50 hectáreas, se ha conservado prácticamente intacto como testimonio de su época. A finales del siglo XVII, los príncipes electores de la dinastía de los Guelfos convirtieron Herrenhausen, con su residencia de verano a las afueras de Hannover, en un foco de atracción cultural en Europa. La construcción y el diseño del Gran Jardín llevan la impronta de la princesa electora Sofía. Y ella estaba convencida de que: «Con este jardín podemos presumir».